martes, 30 de julio de 2013

El Abanico


Que sería de nosotros sin este pequeño gran objeto sencillo pero a la vez indispensable y que forma parte de nuestra cultura. A parte de considerarlo como objeto etnográfico y cultural a lo largo de toda la historia, el cual ha ido evolucionando funcionalmente y estéticamente, dejando de ser un mero objeto para aliviar el calor, sino  considerado como un objeto artístico y etnológico, siendo un complemento de moda y de comunicación. Entre las damas del siglo XVIII se decía “ Mujer sin abanico es como un hombre sin espada”. Y así era, no existía evento donde no hiciera acto de    presencia este insigne objeto, en bodas, nacimientos, comuniones, funerales, ferias…   eran de uso diario utilizados en todos los estratos de la sociedad, donde vemos las diferencias de materiales en su composición desde la madera y  el algodón o papel hasta tafetanes y metales o piedras preciosas.
En la simple estructura del Abanico se diferencian las siguientes partes:

·         La Baraja: se corresponde con la base rígida y plegable del abanico.

·         El País: sería la tela que va adherida a la baraja.

·         Las Varillas: sería las tiras de madera que hacen que se pliegue el abanico, estas podían ir caladas con la técnica de la filigrana o pintadas.

·         Las Caberas: se corresponde con la primera y última varilla, que a diferencia de las demás, son más gruesas que el resto y suelen llevar alguna dedicatoria.

·         El Calado: serían diferentes técnicas de dibujo por medio de agujeros realizados sobre las varillas, el más común es la filigrana.



        
 
Las primeras noticias que tenemos de su origen data del 3000 a.c. en Egipto, aquellos primitivos abanicos tenían una estructura fija de diferentes materiales como plumas, hojas, tejidos estaban sujetos a un mango largo de caña de bambú o madera siendo abanicos ceremoniales que  solo podían ser utilizados por el faraón y su familia. El abanico plegable de varillaje y ala de murciélago aparece en hacia el 670 d.c. en Japón  llamado “Sensu”. En España está documentado su uso durante la época islámica, convirtiéndose en unos de los principales centros productor en todas y cada una de sus variantes llegando a rivalizar con la vecina Italia quien en el siglo XV fue pionera en la fabricación  donde artistas de renombre lo utilizaban como mismísimos lienzos donde representaban temas mitológicos, Bíblicos y de la propia Historia de Roma, este modelo     llamado “La ventarola” que consistía en un elaborado abanico pintado o bordado regalo  tradicional para todas las novias venecianas.    
A mediados del siglo XVII este singular   objeto llega a la corte francesa de Versalles durante el reinado de Luis XIV y Luis  XV convirtiéndose en la época de esplendor y donde se disparan los diseños, motivos y materiales en la fabricación de los abanicos (oro ,marfil, plata, carey, piedras preciosas, tejidos como el tafetán, la seda…) , convirtiéndose   complemento indispensable tanto para hombres como para mujeres e incluso se llevó a prohibir abrirlos en presencia de la reina, ya que estaban considerados objetos de ostentación y riqueza. En el siglo XVIII, España  se convierte en uno de los principales productores del mundo, gracias a la llegada de el artesano francés Eugenio Prost, que revolucionará  y creará el gremio de abaniqueros de Madrid y posteriormente en 1802 creándose La Real Fábrica de Abanicos de Valencia donde se realizarán los famosos abanicos alfonsinos, con varillaje de nácar, hueso o madera acompañados por tejidos como el tul, el encaje o la gasa; otros también iban pintados a mano donde se representaban temas mitológicos. A partir del siglo XX  el uso del abanico pasa a ser más exclusivo, convirtiéndose en un instrumento de comunicación, para lo que se crea un propio lenguaje:
 
      ·         Abanicarse mucho: te quiero mucho.

·         Abanicarse lento: no me importas.

·         Si se deja caer: te pertenezco.

·         Si se apoya en los labios: no me fío.

·         Posar dedos sobre las varillas: quiero hablarte.

·         Taparse el sol con el abanico: eres feo.

·         Tener el abanico abierto cubriendo el rostro: nos vigilan.

·         Sostener el abanico con la mano derecha delante del rostro: sígame.

·         Sostenerlo con la mano izquierda delante del rostro: busco conocimiento.

·         Mantenerlo en la oreja izquierda: quiero que me dejes en paz.

·         Deslizar el abanico por la frente: has cambiado.

                                       
                                                                                                   

 También existieron abanicos conmemorativos para fechas importantes donde la calidad de los materiales se disparan, usando para su confección oro, plata, diamantes, brillantes, encajes… esto lo vemos en  los abanicos  nupciales, como por ejemplo el abanico que se realizó  para la boda de la Emperatriz Isabel se le diseño un abanico que constaba de 300 brillantes y 252 diamantes; Otro modelo sería el abanico para la Primera Comunión, donde vemos un cambio en el tamaño que se hace más pequeño ya que van dirigidos a niñas y suelen ir pintados a mano con motivos eucarísticos o bíblicos.

Pero también se realizaron abanicos para conmemorar un acto importante en la historia de una ciudad o un país, destacamos los abanicos realizados con motivo de la Exposición Universal de 1929 en Sevilla, donde se diseñaron abanicos con una alta calidad artística, con las varillas principales forradas en piel y con el nombre del país bordado en seda. Para la Exposición Universal de 1992 para la cual se realizaron abanicos pero en materiales muchos más pobres (plástico y algodón) donde primó el diseño al material.
Para los que estéis en Sevilla, en el Museo de Artes y Costumbres se exponen una amplia colección de abanicos donde podréis apreciar la singularidad de cada uno.